Al gobierno le gustan los pobres

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Rafael Pérez Cárdenas

Si nos atenemos a la realidad que vive el país e incluso a las cifras oficiales, deberíamos coincidir plenamente con el argumento de que el modelo económico basado en el libre comercio es una fábrica de pobres. México es quien tiene el mayor número de acuerdos comerciales en el mundo, pero al mismo tiempo, la mitad de su población vive en condiciones de pobreza. ¿Realmente el comercio empobrece a los países? No lo creo, o al menos, no es la causa principal.

Durante una conferencia de prensa celebrada este martes, el italiano Francesco Vincenti, fundador del Laboratorio Social México-Unión Europea, destacó que “es fundamental” un cambio de paradigma respecto al modelo económico actual (libre comercio), que es “una fábrica de pobres y desigualdad” y no genera crecimiento económico a nivel nacional, mediante una “profesionalización” de políticos para una “gestión de riesgos” y no sólo de administración de problemas sociales.

El problema es que en México no tenemos ni a unos ni a otros. Los políticos en general no están profesionalizados –ha sido el caso de Veracruz en la última década- y en consecuencia, tampoco sirven para administrar problemas sociales. No saben cómo erradicar la pobreza pero tampoco están muy interesados en hacerlo.

En realidad, al gobierno le gustan los pobres porque los necesita para hacer funcionar un sistema clientelista y electoral. Los partidos políticos no están ocupados en resolver los conflictos sociales y económicos, sino en que estos prevalezcan para articular una oferta política que les permita mantenerse en el poder, aunque al final estas demandas no se cumplan.

Para muchos, me cuento entre ellos, la culpa no es sólo del modelo económico, sino de la forma en que este aplica en nuestro país. El libre comercio genera una gran riqueza, el problema es que esta no se distribuye; de hecho, la fortuna acumulada de las 37 familias más ricas de México –en sólo un año se sumaron 12 nuevos miembros- suman 180 mil millones de dólares, que equivalen al 15.1% del PIB. Nada despreciable para un país en crisis permanente.

Nunca habíamos tenido en México a tantos millonarios con riquezas tan cuantiosas. Las fortunas en México son esencialmente un asunto de familia, donde las mayores generadoras de riqueza son un puñado de industrias tradicionales, entre las que destaca el comercio y los alimentos procesados.

Pero tampoco habíamos tenido tal cantidad de pobres. Cada año aumenta en 2 millones el número de personas que se encuentran en esta condición. ¿Por qué si producimos tanta riqueza tenemos cada vez más pobres? ¿Qué hemos hecho mal? Ahí van algunas respuestas.

Históricamente, hemos tenido que lidiar con dos Méxicos dentro de un miso territorio. El México industrial y desarrollado –el norte y el centro-norte- que crece a tasas económicas deseables de más de 5 por ciento, mayor al nivel nacional, y el otro, el México del sur-sureste -excepto Quintana Roo por el turismo- donde casi no hay crecimiento.

Las diferencias son abismales. En cuestión de acceso a seguridad social, en el norte el 80 por ciento de los trabajadores están en la formalidad y las empresas pueden participar en las cadenas de valor del proceso de producción del libre comercio. Sin embargo, en el sur, entre el 70 y 80 por ciento labora en la informalidad y depende de programas sociales, los cuales “permiten el clientelismo y la corrupción”, según se dijo en el evento de ayer.

Y ahí viene el otro dato: la corrupción. Esta práctica cuesta a México el equivalente a 10 por ciento de su producto interno bruto (PIB), es decir, un billón 920 mil millones de pesos, lo que en términos porcentuales, quintuplica el costo que este problema registra a nivel mundial, según se dijo en el pasado Foro Nacional Anticorrupción.

Para darnos una idea. Los políticos generan por la vía de la corrupción –y no del comercio- dos terceras partes del valor de la riqueza de las 37 familias más acaudaladas de México. Sólo que estos recursos van a parar a cuentas personales y no al desarrollo de la economía interna (empleo, inversión, etc). Entonces, ¿la desigualdad, el aumento a la pobreza y la corrupción son culpa del libre comercio? Evidentemente no lo es.

La pobreza disminuyó en la mayoría de los países latinoamericanos a una tasa anual de entre 3 y 14% en los últimos cuatro años. Pero en el caso de México la tendencia fue contraria y la pobreza aumentó. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) informó el año pasado que según sus registros, en la región, sólo México, Honduras y Venezuela no disminuyeron la pobreza durante el periodo 2010-2014.

Pero eso a nuestra clase política no le interesa. El propósito es mantener a los pobres a raya, garantizando los privilegios a nuestra creciente casta de millonarios; ellos, a cambio, ayudan a mantener un sistema electoral corruptible que se sirve de los recursos del gobierno. Por ello, la política es un gran negocio, el negocio de los pobres.

Las del estribo…

  1. Siguen apareciendo los muertos, los del pasado y los del presente.
  2. Vaya enredo con Ricardito. Dice el góber que él no es Fiscal para proceder en su contra. ¿Pero sí lo es para los casos que son de su interés personal? Las frases de campaña dichas desde el gobierno no son buenas consejeras.
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