Calentamiento Global: El monstruo del planeta Tierra

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Camila Gómez Díaz Barreiro.- Hasta el día de hoy, somos los principales creadores de aquellos que aún habitan nuestro inconsciente sin ni si quiera pagar renta. Se trata de los pensamientos que calientan lo imaginario mientras enfrían la realidad. Con el planeta tierra, hemos invertido los papeles. Somos el autor intelectual de un monstruo que calienta la realidad mientras enfría lo imaginario. Se llama calentamiento global.

Infinitas advertencias, llamados y ultimátums. Un solo mensaje: debemos frenar el modus vivendi inmediatamente.
A simple vista, todo parecía funcionar de maravilla. Llegó la rueda, la máquina de vapor, el combustible, la aeronave, el cohete. Al poco tiempo apareció el plástico, y la mentalidad desechable. Grandes avances, merecedores de grandes índices de desarrollo. Poco se previó que, con estos, se desencadenarían tremendas repercusiones.
En 1972, la Declaración de Estocolmo fue el resultado de un esfuerzo internacional que reconocía que la explosión demográfica estaba acompañada de un incremento desproporcionado en los patrones de consumo de la población. En paralelo, la visión antropogénica del documento destacó la profunda influencia de la actividad del hombre en el medio ambiente, en cuanto a su capacidad de alterar el entorno y generar daños irreversibles. Por primera vez en la historia se concibió a la agenda ambiental como un limitante del crecimiento económico, y se estableció un nexo con los derechos humanos, proponiendo que la calidad de vida guarda una relación directa con la del ambiente.
Así, el primer encuentro oficial que la comunidad internacional tuvo con la amenazante realidad ambiental sostuvo un enfoque integral. Y aunque muchos creyeron que a partir de ahí todo iría de subida, sucedió lo contrario.
La crisis ambiental que azota al mundo actualmente es el reflejo de una incesante sobreexplotación del ecosistema que ha producido una huella ecológica innegable. Una huella ecológica cada vez más consciente, pero poco interesada en reducir sus dimensiones. El ‘American way of life’ caracterizado por el desmedido consumismo, se ha esparcido por el mundo y ha sido recibido con los brazos abiertos; hoy enfrentamos las tenebrosas consecuencias.

Una serie de incendios que parece que no cesará jamás, es la más reciente de las manifestaciones del cambio climático, a su vez ocasionado tanto por eventos naturales como humanos. Las altas temperaturas, la baja humedad y el creciente viento son factores que han contribuido a las indomables llamas que atentan contra el sistema. La ciencia apunta que en las últimas décadas el número de incendios ha crecido exponencialmente, arrasando con mayores distancias de tierra y durante periodos de tiempo más largos. ¿El gran corresponsable? El hombre. Se ha comprobado que las emisiones mediante el efecto de gases invernadero, incrementan la temperatura global y causan los cambios en el clima, que parecen ser más drásticos cada vez. De esta manera, se elevan los niveles de evaporación, reduciendo la humedad de la tierra; generando así el caldo de cultivo perfecto para la ignición.

Sabemos que hemos construido un monstruo a la medida, que se atribuye el pasado, explica el presente y prevé el futuro. Es absolutamente necesario detener al coloso que en términos literales calienta el desastre mientras enfría la solución, limitando las vías de acción preventiva a la imaginación.

Hoy más que ayer y probablemente menos que mañana, el planeta tierra se enfrenta a un contratiempo de su misma dimensión, pues tiene la capacidad de exterminarlo.

Corre tiempo.

Fuente: Grupo Fórmula.

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