El Congreso voraz 

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• Rafael Pérez Cárdenas

Lo que hoy se sabe del manejo financiero del Congreso del Estado, en cualquier otro país medianamente democrático o con una incipiente cultura de la transparencia, ya hubiera costado la cabeza más de la mitad de los funcionarios involucrados, incluyendo por supuesto a los propios legisladores; la otra mitad estaría en la cárcel.

Resulta que mientras los veracruzanos se truenan los dedos para salir adelante –lo mismo burócratas desempleados, pequeñas y medianas empresas, y trabajadores del sector comercial-, los diputados veracruzanos de todos los partidos se reparten grotescamente millones y millones de pesos sin el menor pudor, sin la menor vergüenza, sin el menor asomo de culpa.

Para documentar de lo que estamos hablando, según la información proporcionada por la propia Legislatura respecto de su ejercicio del gasto, resulta que este año contará con un presupuesto anual de 676.9 millones de pesos. Habrá quien diga que respecto de la ley de ingresos y el presupuesto de egresos –cuyo monto rebasa los 100 mil millones de pesos- esto es una baba de perico.

Pues ahí le va. Resulta que en el informe financiero del primer trimestre del año, el 71.6% de los recursos se destinaron a subsidios y subvenciones, además de “otras prestaciones sociales y económicas”. En lenguaje llano, quiere decir, que los diputados disponen de 7 de cada 10 pesos de su presupuesto para gastarlos en lo que les venga en gana.

¿Y por qué sucede esto? Ah, pues porque la ley establece que el Congreso del Estado es quien formula y aprueba su propio presupuesto, y que adicionalmente, tiene la facultad de manejarlo, administrarlo y ejercerlo “de manera autónoma bajo los criterios y lineamientos aplicables, determinados por su órgano de gobierno”, es decir, la Junta de Coordinación Política (Jucopo), donde se reúnen los líderes parlamentarios para repartirse el botín.

Ahí es donde el infumable diputado Sergio Hernández Hernández, Presidente de la Jucopo, ha encontrado la cueva de Alí Babá que comparte con otros tantos ladrones.

Así, los propios diputados se han impuesto la discrecionalidad en el manejo de sus recursos; pero no sólo eso: deciden los montos y el destino, sin que nadie meta las narices, porque para eso son autónomos; y si alguien se atreve a cuestionar esta danza perversa del dinero público, pues lo llaman a comparecer y lo aprietan en su presupuesto. Es el reino feliz de la corrupción y la complicidad.

Volvamos a los números. Si es cierto entonces que el presupuesto es de 676.9 millones de pesos y el 71 por ciento se gasta en subsidios, subvenciones y otras prestaciones, quiere decir que los diputaibols se echan a la buchaca algo así como 473 millones de pesos al año, el equivalente a casi 40 millones de pesos al mes. Es decir, cada diputado le cuesta a los veracruzanos casi un millón de pesos de mesada.

Si estas cifras son ciertas, no es por amarrar navajas, pero entonces alguien se les está yendo al agua a los grupos parlamentarios, pues en rigor, se asignan 100 mil pesos por diputado. En este escenario, el PAN recibiría libre de polvo y paja algo así como 1 millón 900 mil pesos, mientras que Morena, por ejemplo, un millón 100 mil pesos. Estos sí, para que los coordinadores los gasten, los repartan o los utilicen en lo que quieran. Pero entonces, ¿Dónde quedan los más de 30 millones restantes? Habrá que preguntarle a Pepe Mancha y compañía.

Al inicio de la actual Legislatura hubo un gran escándalo por el destino que se habría dado a 75 millones de pesos que no aparecían en las cuentas de la entrega-recepción. Aunque se negó, siempre se supo que fue el pago de marcha para los diputados salientes, los mismos que se hicieron millonarios cobrando cada iniciativa que el delirante Javier Duarte enviaba al Congreso para protegerse la espalda durante el vértigo de su caída.

Está claro que no los querían devolver a las arcas del Congreso sino recuperarlos para repartirlos de inmediato y empezar a recuperar algo de lo gastado en campaña. También se dijo que ante la escasez de recursos, se tendría que liquidar a un buen número de empleados, a fin de equilibrar las finanzas legislativas. Lo que sucede en el Congreso es realmente obsceno y parece que nadie hará nada por remediarlo.

Ante el descaro, la corrupción y el cinismo, sobra decir que los diputados utilizan a los empleados del Congreso como empleados personales. Declarar que se evitó que muchos de ellos fueran comisionados para trabajar en las campañas políticas a favor de sus partidos, es otra mentira burda que forma parte de la descomposición política que se vive en Veracruz.

Defender que el cambio anunciado radica en que ahora sí se saben cosas que antes no se decían o que estaban es la oscuridad, no es un acto de transparencia, es un acto de cinismo.

La del estribo…

  • En un jardín de niños de Xalapa se hizo el ejercicio de encargarle a los párvulos que redactaran una carta como si fueran el ex secretario de Seguridad Pública. Resulta que más de la mitad redacta mejor, más legible y hace la firma más parecida que la que ayer jocosamente hicieron circular.
  • Acusan que el actual dirigente del PRI, Renato Alarcón, fue visto haciendo compras en una tienda dedicada a artículos de cacería. Dicen que adquirió un par de escopetas para espantarse el zopilotero que trae encima.
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