El justiciero veracruzano

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  • Luis Alfaro

La detención de Flavino Ríos Alvarado, por autoridades ministeriales, derivada de una orden de aprehensión girada por su presunta participación en la evasión del que fuera gobernador del estado, Javier Duarte de Ochoa, y su esposa, al facilitarle un helicóptero del gobierno de Veracruz, suma un capítulo más en esta tragicomedia en la que los veracruzanos son mudos espectadores de una tramoya que cada día toma más tintes de venganza personal que un ejercicio de elemental justicia.

La culpabilidad o no en la comisión de ilícitos de quienes fueran funcionarios del anterior gobierno y que ahora están sometidos a proceso no es lo que se cuestiona a la administración yunista, incluso podría aplaudírsele, sino lo selectiva que viene siendo la espada justiciera para elegir sus blancos, olvidándose de ciertos personajes que en las administraciones de Fidel Herrera Beltrán y el prófugo Javier Duarte, sangraron a Veracruz (en todo lo literal que se permita el término) y de lo cual quedaron sus huellas a lo largo y ancho del estado.

Lo escrito por la columnista Claudia Guerrero, en el sentido de los rumores sobre la existencia de un pacto de impunidad a cambio de dinero e información, para dichos personajes, entre ellos diputados federales y locales que no han salido a decir esta boca es mía, parece ser parte de esta tramoya en la que la actual administración se escuda para tratar de atemperar los señalamientos que empiezan a campear en los medios y en la percepción ciudadana que comienza a descreer de la promesa de un cambio, gatopardismo y nada más.

Por lo pronto el actual titular del Ejecutivo podrá ya presumir en la cacha de su pistola dos muescas correspondientes al encarcelamiento, así sea temporal, de dos exgobernadores interinos, Dante Delgado Rannauro y ahora Flavino Ríos. Por cierto, Delgado Rannauro salió libre y apenas en 2016 ganó un juicio ante la Secretaría de la Función Pública por lo cual ésta fue obligada a indemnizarle por poco más de un millón de pesos- sin que ello le haya significado a los veracruzanos beneficio alguno.

Veracruz enfrentará en junio próximo, poco más de ochenta días, el proceso electoral para renovar las alcaldías y el mismo se constituirá en el primer referendo de la administración panista (el concurso del perredismo es sólo testimonial, mera comparsa, con poco menos que nada de voz y nada de voto), la cual poco tiene para presumir de resultados a una ciudadanía acrítica en el foro pero que se ha visto, suele abjurar muy pronto de sus creencias para volcarse toda en los nuevos mesías.

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