El poder

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• Ángel Gutiérrez Carlín

La naturaleza humana se manifiesta de diversas maneras. Una de ellas es la resistencia a perder el poder; no hay político o funcionario que pueda aceptar que su fuerza, el poder pues, se vaya debilitando con el transcurso del tiempo, bien al término por disposición de la Ley, bien porque el sátrapa es vencido por las masas, cansadas de su larga permanencia en ese lugar privilegiado que lo hace dueño de vidas y haciendas.

Pues bien, eso lo vemos, como dicen los economistas, a nivel macro y micro, tanto en el desempeño de un cargo público como en la dirigencia de un partido, gremio o simplemente en la modestia de encabezar a un grupo de personas con el propósito de conseguir determinado beneficio en su calle o manzana.

Supone, inocentemente, el que se va, que seguirá manejando los hilos en su ínsula, sin aceptar que su tiempo de cualquier modo acabará. Maniobra para dejar a un incondicional o incondicionales que tarde o temprano dejarán de escucharlo o hacerle caso; se dará cuenta con ello que su administración o liderazgo no era fuera de serie como esos mismos chalanes se lo decían. Lo verá al caminar sólo o con muy pocos por donde antes lo llenaban de alabanzas y vítores. El ejemplo más reciente es el de Fidel-Duarte, pero lo hemos visto antes, mucho antes y lo seguiremos viendo después.

Aunque el que se va se llene la boca que por él llegó el que llegó y otros antes; que por él llegan los incrustados que harán continuar su incansable labor que, como nunca, hizo que su pueblo floreciera, eso no sucederá. Sabia como es, la  política mexicana siempre propicia los renuevos; aunque éstos al final sean malos, cuando menos refrescan el escenario un rato. Y así vemos que, en la  naturaleza humana a la que me referí al principio, también anida el egoísmo malsano de que todo lo que yo haga serán aciertos, no sólo mejor de lo que hizo el que se fue, pues su desempeño se señalará plagado de errores o equivocaciones, algunos reales y otros inventados para llenarlo de oprobio. Pero, así es esto, dijera Miky Iracundo, nos guste o no nos guste y nadie se prepara para ello; al contrario, se cree que a trasmano, se seguirá gobernando o dirigiendo y cuando empieza a apreciarse el panorama real con toda su dureza, aquel se verá lleno de gente desagradecida, ingrata, desleal por decir lo menos.

Que empiecen mejor los homenajes, los reconocimientos que acolchonarán la salida, que harán muelle lo que queda de tiempo. No faltarán ahorita, quienes agradezcan algo, hay que aprovecharlo; porque después todo será ensalzar al que llega y el que se va empezará a ser, como ya lo dije, señalado y más tarde, olvidado por los lejanos, pero también por los cercanos.

Les refiero esto último sólo como dato anecdótico: el jalapeño Antonio López de Santa Anna, Presidente muchas veces de nuestro país, acabó sus días recibiendo en audiencias inventadas por su esposa, a quienes se alquilaban para ello.

BOQUELUMBRE

Así como vamos el vástago resultará toda una revelación…

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