Hierve la olla de grillos…

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• Luis Alfaro

Empieza la efervescencia por la designación de candidaturas a las presidencias municipales de 212 ayuntamientos que habrán de renovarse el próximo 4 de julio.

Este proceso previo exhibe los vicios que son consustanciales al sistema de partidos que rige en México: reciclaje de candidatos, chapulines electorales, la promiscuidad partidista (entendiéndose esta como la práctica de brincar de un partido a otro sin importar que sea -en el papel- de ideología opuesta), entre otros vicios que en lugar de corregirse se enquistan.

En MORENA, partido que presume su alejamiento de dichas prácticas en consonancia con la postura de su líder, Andrés Manuel López Obrador, parece que ante su crecimiento electoral en el estado (inflado o no desde la administración de Javier Duarte, aunque se ha desestimado el papel de las redes sociales en el crecimiento de un candidato anodino como lo fue Cuitláhuac García Jiménez y su impacto en las generaciones más habituadas a estos medios) ha sucumbido ante el aluvión de pescadores ansiosos de ganancias en este río revuelto de la democracia tropicalizada.

El dirigente del partido en el estado, Manuel Huerta Ladrón de Guevara, ha sido señalado de “vender” las candidaturas por militantes inconformes ante las listas presentadas por el partido de quienes contenderán por una alcaldía. Ladrón de Guevara (¿en el nombre llevará la penitencia?) acusa que las protestas e inconformidades son “hechizas” y responsabiliza a priístas y perredistas de estar detrás de las mismas y pretender llevar esas, sus prácticas, a un partido nuevo y diferente.

Lo cierto es que son estas acciones las que han llevado al ciudadano al hartazgo y a no creer en los partidos, sus representantes y el sistema electoral en general.

En algún momento se pensó que las candidaturas independientes podrían llenar ese hueco, esa ansía de legitimidad en los votantes, pero tampoco han funcionado.

El caso del Bronco en Nuevo León no ha servido en lo más mínimo para consolidar esta propuesta y en Veracruz estamos atados de manos ante la cooptación de dichos espacios para ser utilizados más como herramienta para restar votos a candidatos competitivos que como verdaderas opciones para la modificación de los esquemas de gobierno.

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