Indígenas: miserables e invisibles

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• Rafael Pérez Cárdenas

A mi hermano Álvaro Belin, a quien acompaño en su pena

Al inicio de los tiempos, eran los dueños de todo. Hoy, despojados, desplazados y empobrecidos, no son dueños de casi nada. En México, las comunidades indígenas sufren de prácticamente todos los males sociales: violencia, discriminación, desigualdad, falta de acceso a la educación y a la salud.

Es una regla que en los municipios de mayor concentración de población que habla alguna lengua indígena, es común encontrar mayor incidencia de la pobreza por ingresos y mayores índices de rezago social.

Celebrar el día internacional de los pueblos indígenas es un verdadero eufemismo. Decir que se hace para hacer conciencia y recordar las condiciones en las que viven, es un verdadero acto de cinismo institucional: tan se acuerdan de cómo sobreviven, que los han convertido en un gran negocio político.

En Veracruz, las comunidades indígenas no habitan en reservas territoriales como en otros países, pero como si lo hicieran. Casas con techos de lámina de cartón, pisos de tierra y paredes habilitadas con madera, sin agua ni energía eléctrica, son las características de las zonas rurales e indígenas en nuestro estado.

Y quienes deciden emigrar, resultan invisibles para el resto de la población. Así, por ejemplo, muchas personas originarias de comunidades indígenas son vistas de manera aislada. Les cuesta trabajo comunicarse y ante la posibilidad de encontrar un trabajo, deciden vender artesanías. Pero nadie las ve…

Resulta que son mucho más de lo que imaginamos. Según las cifras del INEGI, hasta el año pasado, el 6.5% de la población en México habla alguna lengua indígena. Además, hay casi 500 municipios donde más del 40% de sus habitantes son hablantes de lengua indígena; tan sólo en Oaxaca, hay 245 municipios en esta situación, lo que implica que los mestizos son los verdaderos extranjeros en esas regiones.

Pero no sólo eso. De la población que habla lengua indígena, 13 de cada 100, no puede expresarse de otra forma más que en su lengua materna. Y contra lo que se pudiera pensar por la cobertura de los programas sociales como Prospera y Oportunidades, resulta que el 15.1% de esta población indígena en no está afiliada en alguna institución de salud. Prácticamente, están condenados a muerte, algo que les resulta muy familiar.

Pero si la violencia contra la mujer es una pandemia en sociedades más o menos urbanizadas, las zonas rurales resultan un verdadero infierno para sectores vulnerables.

Las mujeres indígenas son violentadas de manera particular, pues además de ser objeto de violencia física, psicológica o emocional, patrimonial, económica, sexual, violencia obstétrica y política por ser mujeres, se les discrimina por ser indígenas.

En un artículo publicado por Animal Político, Atziri Avila hace una radiografía de lo que estamos hablando. Critica que a pesar de los adelantos, y de contar con un marco jurídico con enfoque de género como la Ley general de acceso de las mujeres a una vida libre de violencia, las mujeres indígenas son violentadas al no poder acceder a los derechos básicos.

De acuerdo con la Encuesta Intercensal 2015,  6 de cada 100 mujeres, de 15 años y más, no saben leer ni escribir. En Oaxaca del total de 372 mil personas analfabetas, 65.6 % son mujeres. De las mujeres se encuentran en condición de rezago educativo en dicha entidad 60% no han terminado la educación básica lo que impide que las mujeres conozcan, ejerzan y exijan sus derechos. Mucho menos se garantiza a las mujeres indígenas una educación que reconozca y atienda la diversidad cultural.

Las cifras de mujeres en puestos de representación siguen siendo muy bajas. Incluso, hay regiones en las que tienen prohibido el voto, de acuerdo a sus usos y costumbres. Según datos del Instituto de la Mujer Oaxaqueña, en la entidad de 570 municipios sólo 17 cuentan con una mujer como presidenta municipal, lo que representa a penas 3 % de los ayuntamientos. Sólo 14 % de los cargos en los cabildos están ocupados por mujeres.

Pero tal vez, uno de los peores agravios que sufren los pueblos indígenas es su falta de acceso a la justicia. El acceso a la justicia para los pueblos indígenas es algo aún lejano. La violación al debido proceso, la falta de intérpretes y traductores, así como la falta de capacitación de operadores de justicia, constituyen una lamentable realidad en nuestro estado.

Según la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI) hay 8 mil 50 personas privadas de la libertad provienen de algún pueblo indígena. A muchas de ellas se les han violado sus derechos humanos y al debido proceso. Las entidades que mantienen a más indígenas en prisión son Oaxaca, Chiapas, Puebla y Veracruz.

Hoy escucharemos floridos discursos sobre lo que representan nuestros pueblos indígenas. Mañana volverán al olvido y la marginación.

La del estribo…

  1. Para uno que trasnocha, otro que no duerme. Hoy el senador Héctor Yunes Landa estará en Guadalajara en dos eventos estratégicos: será ponente en la mesa temática “visión de Futuro” de la XXII Asamblea Nacional del PRI, a la que asiste Manlio Fabio Beltrones; y fue invitado como orador en la reunión anual de la Iglesia de la Luz del Mundo, que reúne a medio millón de feligreses.
  2. Alguien le jugó una mala jugada al presidente municipal electo. Ayer, un juez de distrito desechó el amparo indirecto que interpuso en contra de ampliar el contrato de la empresa Proactiva para la operación del relleno sanitario del Tronconal. La razón es simple: no había materia porque el contrato no se ha firmado. Está a tiempo de elegir con cuidado a los colaboradores, porque esos yerros ponen en evidencia su inexperiencia.
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