Inseguridad en Veracruz… algo más que un problema de percepción

0

  • Luis Alfaro

Durante la última semana Veracruz ha sido escenario de un incremento paulatino de hechos violentos relacionados con la presencia de grupos criminales que reclaman la preminencia en zonas muy específicas de la entidad.

Las conurbaciones Veracruz-Boca del Río; Córdoba-Orizaba y Poza Rica-Papantla, se han convertido en un dolor de cabeza para la actual administración estatal que, con el llamado para que el Gobierno Federal intervenga y participe en la labor para recuperar la tranquilidad perdida hace ya más de doce años en estas regiones, pareciera haber reconocido que carece de las herramientas necesarias para combatir un flagelo que ha venido haciendo una sangría, en toda la literalidad del término, del territorio veracruzano.

Esta disputa parece tener su origen, ya no en la pugna por el territorio para la venta y distribución de droga, sino en el control por la venta de hidrocarburos obtenidos del robo a ductos e instalaciones de PEMEX, en una coyuntura en la que las compañías privadas entran al mercado de venta de gasolina.

La industria del “huachicol”, como se conoce en la jerga delictiva al robo y venta de hidrocarburos sustraídos ilegalmente, impacta severamente en la rentabilidad de PEMEX. En los primeros cuatro años del sexenio de Enrique Peña Nieto las pérdidas por robo y fuga de combustible han representado un total de 97 mil millones de pesos, 55  por ciento más que en el mismo periodo de Felipe Calderón.

Veracruz es un punto nodal en el robo de hidrocarburos, ya que por la entidad atraviesa el ducto Minatitlán-México, el cual cruza además por Puebla, Tlaxcala, Estado de México y la Ciudad de México,  en un trazado de 597 kilómetros tendido en 60 municipios. Los robos en este ducto representa el 5 por ciento del total (de acuerdo con una investigación del portal de internet Animal Político las pérdidas en este ducto eran de 90 mil barriles diarios, cifra que entre 2015 y 2016, aumentó en un 60%) que sufre la ahora denominada empresa productiva del estado.

Y es que la entrada del capital privado al mercado de las gasolinas implica que los inversionistas demanden a las autoridades la rentabilidad del negocio, pues un litro de combustible robado se puede conseguir hasta en un 50 por ciento menos del precio en que se expende en las gasolineras, siendo unidades de transporte  público (taxis, transporte mixto rural, autobuses de pasajeros) las que más recurren a estos subterfugios para ahorrarse unos pesos.

La inseguridad en Veracruz ya no es sólo un problema de percepción, y está comprobado que más policías en la calle no significan mayor seguridad. Al contrario, impacta en cómo percibe la ciudadanía el accionar de gobierno en la materia y de momento las estrategias de seguridad de la nueva administración son iguales a las desarrolladas por el defenestrado gobierno de Javier Duarte, e incluso las líneas de comunicación son muy parecidas: criminalización de las víctimas (los ejecutados tenían antecedentes penales); minimización de los hechos (es una pugna entre grupos criminales, muy parecida al “se matan entre ellos” de algún exfuncionario duartista/fidelista) y la evasión por default ante los cuestionamientos de la prensa.

 

Share.

Leave A Reply

A %d blogueros les gusta esto: