LA MANGA

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• Ángel Gutiérrez Carlín

El comportamiento del político siempre es interesante. Es frecuente que olvide su pasado, el reciente y el lejano, lo que dijo y lo que hizo. Lo peor es que, a veces, ya sea él o sus seguidores creen que no es humano, pero como cualquiera, tiene errores y aciertos, grandes cualidades pero también fallas garrafales.

Lo traigo a cuento porque hay quienes creen que su honestidad, cierta o no, limpia o purifica a sus colaboradores, compañeros de lucha o militantes de su partido, aunque antes se les haya visto involucrados en episodios nada edificantes; pero lo peor: no toman en cuenta que en el paso de los días, en el devenir cotidiano, ellos pueden volver a verse en las mismas circunstancias que antes criticaron de otros. Por eso me asombra que se diga que sólo por ser honesto y apenas se llegue al poder casi como por arte de magia, dejarán los funcionarios de robar, vamos, los delincuentes ya no cometerán crímenes.

Así también, no es motivo de asombro que el político en la búsqueda del poder critique a su opositor o diga que de un plumazo resolverá los problemas que aquel no arregla. Así le pasó, por ejemplo, a Vicente Fox que dijo que el alzamiento indígena de Chiapas lo resolvería en minutos y a otros que presumiendo ser expertos eliminarían la inseguridad que padecemos. En ambos casos no se logró.

Esto sucede porque estratégicamente le dicen a la gente lo que quiere oír, pero ya una vez empoderados ven que no es lo mismo, aunque algunos que ya han estado antes en el ejercicio del poder público lo saben, pero en el momento de la búsqueda del voto es obvio que su postura será acabar con todos los problemas que por incapacidad, negligencia o irresponsabilidad su antecesor no atendió.

Lo que consideramos equivocado es cargarle a los medios o a los periodistas el muerto. El político si se alquila, es decir, una vez que llega al poder tiene el deber de cumplir lo que prometió y si no lo hace, así ponga mil pretextos o justificaciones, se expone al reclamo, derecho de la ciudadanía a la que también le asiste el de informarse de la cruda realidad, aunque no  guste su manejo al gobernante.

Es cierto que gobernar y más en los tiempos actuales no es nada fácil y el mandatario siempre habrá de defender su posición, pero no es lo prudente ni lo correcto condenar a los medios, ellos hacen su chamba y el gobernante la suya, la cual siempre estará en el ojo del huracán sometida al examen y escrutinio público y así se debe entender. Ningún esfuerzo oficial sobra o basta, es el deber del funcionario, sabía a qué iba, sabía en que se metía.

BOQUELUMBRE

El Azafrán huele a azufre…

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