LA MANGA

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• Ángel Gutiérrez Carlín

Puede ser una exageración producto de un estado de ánimo, puede ser la situación económica, puede ser la escalada de violencia que no para, otros lo atribuyen a los sismos y lo más exagerado que he oído culpar a Donald Trump. Lo que usted quiera. De un tiempo para acá en lo personal he andado sin ánimo, sin esperanza en el día después y completamente desganado; confieso que el año en general para mí no fue malo, fue malísimo por muchas razones a las que no he de referirme porque a nadie le importan.
Lo que quiero resaltar con este comentario es lo que percibo en la gente, en el andar diario de la calle, en algo que flota en el ambiente y que seguramente algún especialista en las reacciones sociales ha de explicar mejor que yo y dar las razones desde una perspectiva profesional.
Hay desaliento social, una verdadera tristeza colectiva acompañados de un gran desasosiego por lo que pueda pasar al salir a la calle. Ya no se espera nada de las instituciones ni de las autoridades, nadie cree que la situación económica mejore ni que la descomposición social tan terrible que vivimos cese algún día. Nadie.
Los festejos decembrinos no pintan nada bien, para algunos que puedan no pasará de una modesta cena que permita la convivencia familiar y en otros, la mayoría, la noche buena y fin de año serán fechas como cualquier otra, un día más sin nada que celebrar porque no habrá con qué.
Algunos que ven los mismos escenarios se van al extremo: hablan de la antesala de situaciones de desenfreno social afectando la convivencia diaria y que no tienen nada que ver con una revolución que siempre se inspira en principios y valores políticos que le dan sustento y seguidores. Lo que se ve y se siente es un encabronamiento total que no sé si esté ya en la rayita de la que hablan los tremendistas o se va acercando. Ojalá no.
Lo que comento no es sólo apreciación de lo que veo y siento sino también de pláticas callejeras y en casa, en el transporte y en reuniones con amigos. No todos piensan igual pero sí la mayoría.
Los gobiernos, en sus tres niveles, algo tendrán que hacer o intentar para que lo expuesto no avance, ni se les convierta en algo que no puedan manejar y no me refiero a las cuestiones que tienen que ver con incidentes que muestren las características y situaciones que menciono, sino que acabe uno viendo en la calle una masa informe de gente completamente ajena a su entorno, indiferente y sin emoción alguna, sin ganas de convivir o relacionarse porque ya no encuentran razón para ello. Y ya no me referiré a lo que orillan estos entornos para que no me acusen de catastrofista o que incito a cometer actos que no es bueno ni mencionar.
BOQUELUMBRE
¡Sale calor!

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