Los niños de piel morena no zurran

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• Rafael Pérez Cárdenas

Muchas veces me he preguntado: ¿los bebés mestizos o de piel morena no zurran, no comen o no juegan? Porque al menos eso parecen darnos a entender los anunciantes de pañales, juguetes, mamilas o alimentos, para quienes sólo existen pequeños de  tez blanca y ojos de color, en un país donde este estereotipo es la excepción.

Seguramente los “expertos” alegarán que se trata de un asunto aspiracional de la clase media y baja mexicana –poder consumir los mismos productos que la gente bien, la gente bonita-, pero no sé de dónde suponen que esta aspiración social también se puede trasladar al color de la piel. A pesar del absurdo, es muy posible que no estén tan errados: los mexicanos no queremos ser como nosotros mismos.

En México, el color de la piel sigue siendo una verdadera barrera social y la evidencia más clara de nuestro racismo enmascarado. Influye en buena medida en el nivel de estudios y oportunidades laborales, y en consecuencia, de nuestra pigmentación también depende la movilidad social y la posibilidad de ascenso.

Habrá quien se rasgue las vestiduras, pero resulta  que entre más oscura es la piel, resulta más difícil salir adelante. La última Encuesta Nacional sobre Discriminación en México, presentada recientemente por la Comisión Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), mostró que 20 por ciento de las personas en México no se sienten a gusto con su tono de piel.

¿Y qué resulta de eso? Pues que uno de cuatro mexicanos dijo sentirse discriminado por su apariencia física; de hecho, el 55 por ciento reconoció que en el país se insulta a los demás por su color de piel. Además, un 23 por ciento de los encuestados, habitantes de México, dijo no estar dispuesto a vivir con alguien de otra “raza” o con una cultura distinta. Paradójicamente, ejercemos el racismo en la misma medida en que lo padecemos.

Luego de conocerse los resultados de la encuesta, se abrió un falso debate sobre el racismo en México. Nadie lo asume pero todos lo ejercemos; en el imaginario colectivo del mexicano, la célebre frase de “mejorar la raza” se refiere precisamente a ser cada vez más cercano al prototipo del caucásico que al perfil de los grupos prehispánicos originarios.

Y rescato algunas de las consideraciones que hace Luis Ángel Monroy-Gómez-Franco en un texto publicado este martes en la versión electrónica de la revista Nexos, tomando como referencia los resultados de la Encuesta de Movilidad Social 2015, coordinada por el Dr. Raymundo Campos del Colegio de México.

Dicha encuesta, explica, recaba información estadística sobre las circunstancias de origen de las personas y sobre su color de piel; la información es representativa para la población urbana y no de la rural.

“De acuerdo a los datos de dicha encuesta, de las personas de tez blanca que viven en zonas urbanas y que nacieron en el 20% más pobre de la población, al llegar a la edad adulta sólo 20% permanece en esa posición en la sociedad mexicana, mientras que 18% de las personas de tez blanca nacidas en el 20% más pobre alcanzaron el 20% más rico de la sociedad.”

Y continúa: “Comparemos estos datos con la movilidad social experimentada por las personas de tez morena: de los nacidos en el 20% más pobre de la sociedad, 44% de ellos permanece en esa misma posición al llegar a la edad adulta, mientras que sólo 5% alcanza el 20% más rico de la sociedad.”

En lenguaje simple y llano. Para la gente de piel blanca es más fácil salir de pobres que para los de piel morena. Su estigmatización se da desde la edad más temprana y se va acumulando a lo largo de su vida escolar y laboral. Así, los de piel blanca pueden aspirar a cargos ejecutivos mientras que los de piel morena podrán hacerlo muy poco; la mayoría acabará realizando trabajos físicos y manuales. ¿Eso molesta las buenas conciencias? Bueno, sólo miren a su alrededor.

Hoy hasta la comunidad lésbico-gay sale a la calle a reclamar derechos; su activismo ha modificado leyes y ha transformado la estructura social en muchos estratos. Pero lo que se mantiene intacto, aún entre ellos, es la discriminación y el racismo que se ejerce en contra de las personas de piel morena; la discriminación por racismo prácticamente no se denuncia en el país, pero aun si esto ocurriera no hay mecanismos legales que la castigue, reconoce el propio Conapred.

La realidad es que los mexicanos nos damos vergüenza a nosotros mismos. Nos da vergüenza nuestro color de piel o el del resto de la gente; el propio gobierno asume, en la publicidad institucional, que sólo la gente de piel morena necesita de los programas sociales. No hay güeros esperando el prospera.

No cabe duda que el racismo es la mejor de nuestras hipocresías.

La del estribo…

  1. Otra vez el embuste del retiro voluntario. Lo mismo hicieron Fidel Herrera y Javier Duarte y sólo terminaron engordando la nómina con su propia gente. Dice Clementina Guerrero que se ahorrarán 600 millones de pesos al año, es decir, el equivalente al déficit que tiene el estado en sólo un mes. Mejor por qué no nos dicen qué hicieron con los 51 mil millones de pesos del presupuesto del primer semestre del año.
  2. Ya venció el plazo para que la Comisión legislativa de la verdad sobre la deuda pública entregara su informe. No hay nada. Los diputados acusan al Gobernador de no entregar la información. ¿Acaso el monto de la deuda no es lo que se había dicho? ¿Están guardando las cifras para asegurar la comisión por la reestructura? ¿O es mejor aguantar la información hasta que revivan tiempos electorales?
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