Medios y percepción

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• Luis Alfaro

En Veracruz, la semana del equinoccio de primavera, lejos de ser una explosión de flores y colorido, ha sido prolífica en emanar un olor a muerte y descomposición.

El enfrentamiento en Coxquihui con saldo de ocho muertos, entre ellos elementos de la policía municipal de un ayuntamiento que ha estado bajo la égida de un cacique a la antigua usanza. Un hombre como Reveriano Pérez Vega que ha sido señalado de mantener el control de la región con base en el poder de una organización delictiva denominada Los Pelones y que en el pasado estuvo al servicio del PRI para mantener el control electoral de la zona.

Las autoridades estatales han minimizado el problema, dándole al asunto un cariz de pleito familiar, cuando lo que se ve es que detrás existe un trasfondo más profundo que una fosa séptica, por ello es esperable, en el mediano o corto plazo, una reacción violenta, muy violenta, de los grupos en conflicto.

De nueva cuenta, el gobierno estatal no percibe o no quiere percibir lo que sucede en la entidad.

Las fosas clandestinas –si bien son una estafeta, como tantísimas otras dejadas por el gobierno de Javier Duarte a la actual administración- el tratamiento dado por el fiscal, y no es una cuestión de percepción dado que son los integrantes de seis colectivos los que se quejan, no de la falta de atención, me parece, sino de la poca diplomacia y respeto con que el fiscal se conduce para con quienes sufren la pérdida de uno o varios familiares. Carece del más elemental tacto y delicadeza para abordar un tema de la gravedad del que nos ocupa actualmente.

Y de nuevo el sobado tema de la percepción. Para el titular del Poder Ejecutivo no hay nada malo en el desempeño del Fiscal (no necesita que lo defiendan, es una entidad autónoma) y, cuidado con eso, responsabiliza a los medios –los pinches medios, Arturo Bermúdez dixit- por reproducir en forma ingente “las descalificaciones y agravios” y, en lugar de eso, dar paso a la construcción de acuerdos.

No se pueden construir acuerdos cuando desde los estamentos de poder político y fáctico se descalifica a quien disiente y señala ineficacia y falta de respeto para quienes fueron y son víctimas de un sistema corrupto hasta la médula.

No hay posibilidad de construir acuerdos en un contexto donde se acusa a los medios de comunicación de ser responsables de difundir “tanto las descalificaciones y agravios”. ¿Acaso deben ser omisos los medios de comunicación y olvidar su responsabilidad social?

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