¡Pero qué malos peloteros son!

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• Rafael Pérez Cárdenas

Con afecto para Manuel, un gran aficionado al béisbol

Si utilizáramos el argot beisbolero, diríamos con certeza que se poncharon con una “bofita”.  Apenas el miércoles pasado, el gobernador Miguel Ángel Yunes Linares se había quejado de que los medios de comunicación no reconocían el trabajo que se realiza en materia de seguridad, que algunos de estos logros merecerían las ocho columnas de los diarios y que era muy fácil hacer crítica desde una computadora o haciendo uso de una pluma.

Pero resulta que por fin, alguien tuvo la astucia de pasarle una bola lenta al gobierno estatal para que la sacara del parque… y se ponchó.

Marco Antonio Aguirre es un periodista con mucha experiencia y olfato. Conoce el oficio y lo ejerce con astucia. En los últimos meses, sin proponérselo, se ha convertido en el principal crítico de la administración estatal, no a partir de la opinión que surge a borbotones, sino utilizando información dura y madura sobre los asuntos que pasan pegaditos al cuerpo, pero en la zona de strike.

En público, el propio gobernador Yunes ha desestimado su trabajo, pero no ha ofrecido pruebas en contrario de lo que ha publicado. La cosa es que luego de pasar muchas bolas rápidas, casi todas a costa de las solicitudes de acceso a la información, Marco decidió tirar una “bofita”, justo lo que hacen los pitchers con más colmillo que velocidad.

Al cumplirse ocho meses de gobierno –la tercera parte de su gestión-, Marco solicitó al gobierno que diera a conocer lo que a su juicio, eran los 20 principales logros alcanzados en este periodo. Y a la luz de la propia respuesta –queda en evidencia que el tema los tomó por sorpresa-, se confirma que al cierre de la tercera entrada no han podido embasar a un solo pelotero.

Ningún funcionario ha podido sacar la bola del cuadro, y muchos de ellos han muerto políticamente por la ruta de la vergüenza – del 1 al 3-, rola al pitcher y tiro a primera.

La única excepción, y conste que no está en el roster, es la de su hijo Fernando, quien se hizo de la alcaldía de Veracruz con una montaña de dinero a su disposición, como le acreditó el propio órgano electoral. Del resto de los peloteros del gabinete poco se puede decir. Nadie ha podido llegar a primera, ni con base por bolas.

De acuerdo a su propio dicho, el gobierno estatal destaca 19 obras –una de ellas la repite, en una falta de pulcritud imperdonable-, muchas de las cuales tienen que ver con programas federales, con obras y acciones iniciadas en el gobierno anterior, o con lugares comunes que no establecen metas y objetivos.

Por ejemplo, se lee en la respuesta oficial, el establecimiento de una zona económica especial en el sur del estado –esta la creó Enrique Peña luego del impacto económico y laboral, a raíz de la caída de los precios del petróleo-; la aplicación de un seguro agrícola catastrófico, del cual los productores no conocen ni han recibido en centavo; o el programa de reordenamiento y modernización del transporte público. Este último, más que un logro oficial, ha resultado un verdadero dolor de cabeza ante el tufo recaudador que conlleva.

Hay más. La implementación del número de emergencia 911. ¡Válgame Dios! Esto fue un acuerdo nacional para unificar la colección infinita de números de emergencia que existían en el país. Fue un tema responsabilidad de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes; aquí, lo más que podían hacer era oponerse.

También se reconoce como logro el “Diseño e implementación de una nueva Estrategia Operativa para los procesos evaluación del Servicio Profesional Docente.” Pregúntenle a cualquier maestro de lo que se trata, a ver si lo conocen. Y el “swing” con el que intentaron volarse la barda fue ni más ni menos que “el túnel sumergido de Coatzacoalcos”, el mismo que terminó Carlos Slim, adquiriendo un negocio en quiebra, como es su costumbre.

 

Entre los logros, no destaca ninguna acción punitiva, tampoco la recuperación de bienes inmuebles y dinero en efectivo, y tampoco hacen mención a las investigaciones a que han dado lugar las denuncias hechas por el mandatario. Las de ayer, por ejemplo. Es decir, las jugadas por la que se acredita estar bateando arriba de 400, sencillamente no aparecen en la libreta de anotaciones.

Personalmente, conozco el trabajo que están realizando algunas áreas del gobierno. Es cierto, es muy posible que sus avances no se noten ante el desastre institucional y financiero que heredaron. Pero si el gobierno no sabe y no quiere informar, entonces no es un problema de los medios, ni de la percepción de la gente.

La reyerta de la justicia empieza a cansar al aficionado. En el dugout ya hay caras largas y el mánager no sabe qué hacer con el equipo. Si luego de cada ponche, los peloteros deciden gritarle al umpire seguiremos viendo un juego de pelota digno del llano. ¡Pero qué malos peloteros son!

La del estribo…

  1. Hasta ahora, las únicas propiedades que se han recuperado por la vía judicial, producto del robo del siglo, han sido las que entregó Xóchitl Tress a cambio de su libertad. Todas las otras que se mencionan –las de Duarte, Mota, Spinoso, Deantes, Mansur y otras tantas- nadie sabe a dónde fueron a parar, a quién las devolvieron y a nombre de quién quedó la escritura.
  2. Si los delincuentes son veracruzanos o no, es absolutamente irrelevante. Lo relevante es que puedan meterse a la plaza más popular de Boca del Río –donde gobierna el hijo del mandatario que reclama reconocimiento en materia de seguridad-, en el día más concurrido, a robar una joyería sin que sean detenidos. Por eso la caja china de la tarde de ayer.
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